El último secreto
El último secreto Bajo las calles empedradas de Praga, el aire olÃa a humedad y metal. Robert Langdon sostenÃa la linterna con manos temblorosas mientras seguÃa a Katherine por un pasadizo estrecho que descendÃa en espiral. Las catacumbas se extendÃan bajo el Castillo, una red de túneles que databan de la Edad Media, ahora convertidos en un laberinto moderno de acero y cables.
—Esto era un monasterio —susurró Katherine—. Pero hace años lo convirtieron en un laboratorio.
Langdon miró las paredes: sÃmbolos alquÃmicos grabados en piedra, fórmulas de energÃa y patrones de la Flor de la Vida. Todo mezclado como si la ciencia y el misticismo se hubieran fundido en una sola fe. En una cámara más amplia, vieron filas de cápsulas transparentes, alineadas como sarcófagos futuristas. Dentro de algunas habÃa cuerpos.
—Dios mÃo… —murmuró Langdon—. ¿Qué es esto?
Katherine encendió un monitor empolvado. En la pantalla, aparecieron lecturas cerebrales, pulsos eléctricos, ondas gamma. En la parte inferior, un nombre: Proyecto Adán . —Era el experimento de la doctora Gessner —dijo ella—. Intentaban registrar la conciencia humana en el momento exacto de la muerte. CreÃan que podÃan almacenarla .
