Los cantos de Hyperion
Los cantos de Hyperion —Si vamos a enfrentarnos a esto juntos, necesitamos saber por qué cada uno está aquÃ. —Su mirada era dura, casi acusatoria—. Esto no es una casualidad.
El primero en hablar fue Sol Weintraub. Sostuvo a Rachel, su hija, quien habÃa retrocedido en el tiempo debido a una enfermedad inexplicable. Cada dÃa que pasaba, Rachel se volvÃa más joven, perdiendo no solo años, sino también recuerdos.
—Nos dijeron que las Tumbas podrÃan salvarla —dijo Weintraub, con los ojos cargados de desesperación—. Pero ahora no estoy seguro de qué debo temer más: lo que le está sucediendo a Rachel… o lo que estas cosas nos van a revelar.
El silencio que siguió fue tan pesado como el aire de Hyperion.
—Yo busco redención —dijo el padre Hoyt. Su voz era un murmullo, pero sus palabras cortaron como un cuchillo.
—¿Redención de qué? —preguntó Kassad, arqueando una ceja.
—Fui a Hyperion antes, hace años, con otro sacerdote. Paul Duré. —Tragó saliva, como si decir el nombre fuese una herida que nunca sanaba—. Lo enviaron a investigar a una comunidad perdida en el tiempo. Encontró algo… algo que no debÃa.
—¿Qué fue lo que encontró? —insistió Lamia.