Invisible
Invisible Antonia llegó a la universidad como quien cruza una frontera. Por primera vez, nadie conocÃa su historia. Nadie sabÃa que habÃa sido invisible. PodÃa reinventarse. Escogió estudiar cine, aunque su padre no lo aprobaba.
—¿Cine? —dijo con desdén—. Pensé que elegirÃas algo más práctico, como negocios o derecho.
—Quiero contar historias, papá. Historias de gente real.
—Entonces ve a terapia —respondió él, cerrando la conversación.
Pero Antonia no dio marcha atrás. En el campus, comenzó a escribir guiones, a grabar pequeños cortos con una cámara prestada, a observar la vida con nuevos ojos. Por primera vez, su invisibilidad se transformó en una herramienta. Ser invisible le permitÃa ver cosas que otros ignoraban: gestos sutiles, verdades escondidas en una mirada.
Fue allà donde conoció a Sam. Él estudiaba arquitectura, era curioso, amable, con una voz cálida y una forma de hablar que parecÃa quitarle peso al mundo. Se conocieron en una proyección de cine independiente, y él se sentó junto a ella como si lo hubiera hecho mil veces antes.
—¿Te gustó? —le preguntó al final.
