La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo Pasaba, pues, mi vida bonaerense escribiendo artículos para La Nación, y versos que fueron más tarde mis Prosas profanas; y buscando, por la noche, el peligroso encanto de los paraísos artificiales. Me quedaba todavía en el Banco Español del Río de la Plata algún resto de mis águilas americanas, pero éstas volaron pronto por el peregrino sistema que yo tenía de manejar fondos. Me acompañaba un extraordinario secretario francés, que me encontré no sé dónde, y que me sedujo hablándome de sus aventuras de Indochina. Considerad, que me contaba: «Una vez en Saigón…», o bien: «Aquella tarde en Singapur…», o bien: «Entonces me contestó mi amigo el Maradjad…». ¡No solamente le hice mi secretario, sino que él llevaba en el bolsillo mi libro de cheques! Felizmente, cuando volaron todas las águilas, voló él también con su larga nariz, su infaltable sombrero de copa y su largo levitón.