La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo TRES AMIGOS MÉDICOS TUVE, que fueron, alternativamente, los salvadores de mi salud. Fue uno el doctor Francisco Sicardi, el novelista y poeta originalÃsimo, cuya obra extraordinaria y desigual tiene cosas tan grandes que pasan los lÃmites de la simple literatura. Su Libro extraño es lo más inusitado y peregrino que haya producido una pluma en lengua castellana. El otro médico era MartÃn Reibel, el fraternal e incomparable Hipócrates de los poetas, a quien Eduardo Talero, entre otros, debe la vida, y yo más de una vez el afianzamiento del más sacudido y atormentado de los organismos. El otro es Prudencio Plaza, con quien fui a pasar una temporada a la isla de MartÃn GarcÃa, cuando él era médico de aquel lazareto. Pasamos allà horas plácidas; nos perfeccionábamos en el tiro del máuser; leÃamos el Quijote, nos confiábamos las ilusiones de nuestros porvenires. Pero no olvidaré jamás la llegada de los cadáveres enfermos sospechosos de alguna contagiosa enfermedad: ni una autopsia que vi hacer desde lejos, del cuerpo largo y bronceado de un hindú, pues era la primera vez, la primera y la única, que he visto ejecutar el horrible y sabio descuartizamiento. De MartÃn GarcÃa envié a La Nación algunas correspondencias informativas firmadas con un seudónimo.
