La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo RETORNÉ A BUENOS AIRES, y como el producto de mi labor periodística y literaria no me fuese suficiente para vivir, avino que el doctor Carlos Garlés, que era director general de Correos y Telégrafos, me nombró su secretario particular. Yo cumplía cronométricamente con mis obligaciones, las cuales eran contestar una cantidad innumerable de cartas de recomendación que llegaban de todas partes de la República, y luego recibir a un ejército de solicitantes de empleos, que llevaban en persona sus cartas favorables. En las primeras no me faltaba el «con el mayor gusto…» y «en la primera oportunidad…» o «en cuanto haya alguna vacante…» Y a los que llegaban, siempre les daba esperanzas: «Vuelva usted otro día… Hablaré con el director… Lo tendré muy presente… Creo que usted conseguirá su puesto…» Y así la gente se iba contenta.
