La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo YO IBA SIEMPRE A VER trabajar a mi amigo clown en su pista del teatro «San Martín». Una noche vi allí la demostración del talento especial del payo Roque, para ganarse amistades y hacerse simpático con sus habilidades y maneras, a toda clase de gente. Había leído, por la tarde, la llegada en su yacht de un potentado inglés, el conde de Carnarvon, lord Dudley, a quien acompañaba un príncipe indio, Duhlcep Sing. En el intermedio de la función del «San Martín» noté en un palco a un joven de tipo británico, acompañado de otro hombre moreno, que tenía en su mano derecha un anillo con estupendo brillante negro. Estaba con ellos uno al parecer secretario. Me encontré con el payo y le dije: «¿Ha visto usted al lord de Inglaterra y al príncipe de la India?» y se lo señalé en el palco. Cuál no fue mi sorpresa, cuando al continuar la función vi a Roque sentado en el palco, en risueña conversación con los dos exóticos personajes. Más tarde llegué a casa de Luzio, y como viese, muy pasada la medianoche, movimiento de mozos que subían a los altos con pavos trufados y botellas de champaña, pregunté qué fiesta había arriba, y un camarero me contestó: «Son unos príncipes que están de farra con el payo y unas artistas».
