La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo LA EXPOSICIÓN DE PARÍS de 1900 estaba para abrirse. Recibí orden de La Nación de trasladarme en seguida a la capital francesa. Partí.
En París me esperaba Gómez Carrillo y me fui a vivir con él, al número 29 de la calle Faubourg Montmartre. Carrillo era ya gran conocedor de la vida parisiense. Aunque era menor que yo, le pedí consejos. «¿Con cuánto cuenta usted mensualmente?», me preguntó. «Con esto», le contesté, poniendo en la mesa un puñado de oros de mi remesa de La Nación. Carrillo contó y dividió aquella riqueza en dos partes; una pequeña y una grande. «Ésta —me dijo, apartando la pequeña— es para vivir: guárdela. Y esta otra, es para que la gaste toda.» Y yo seguí con placer aquellas agradables indicaciones, y esa misma noche estaba en Montmartre, en una Boite llamada Cyrano, con joviales colegas y trasnochadores estetas, danzarinas, o simples peripatéticas.
