La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo HABÍA VENDIDO MISERABLEMENTE varios libros a dos ghettos de la edición que en París han hecho miles y millones con el trabajo mental de escritores españoles e hispanoamericanos, pagados harpagónicamente, y como yo me quejase en aquel entonces, por una de mis obras, se me mostraron las condiciones en que había vendido para la América española una escritora ilustre su Vida de San Francisco de Asís.
Don Justo Sierra, el eminente escritor y poeta, que en México era llamado el Maestro, y que acaba de fallecer en Madrid de ministro de su país, escribió el prólogo para uno de mis volúmenes, Peregrinaciones. En París tuve la oportunidad de conocer a este hombre preclaro, que en los últimos años de la administración del presidente Porfirio Díaz, ocupó el ministerio de Instrucción Pública.
El gobierno de Nicaragua, que no se había acordado nunca de que yo existía sino cuando las fiestas colombinas, o cuando se preguntó por cable de Managua al ministro de Relaciones Exteriores argentino si era cierta la noticia que había llegado de mi muerte, me nombró cónsul en París.
