La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo UNA VEZ VUELTO DE ESE LARGO VIAJE, me tomé algún tiempo de reposo en París. Inesperadamente recibí cablegrama del Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, en que se me comunicaba mi nombramiento de Secretario de la delegación nicaragüense a la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro. Debería reunirme en Francia con el jefe de la Delegación señor Luis F. Correa, que era Ministro en Washington. Una semana después salimos para el Brasil. Ya he narrado en un diario las circunstancias, anécdotas y peripecias de este viaje y mis impresiones brasileñas y de la Conferencia, a raíz de este acontecimiento. Vine de Río de Janeiro, por motivos de salud, a Buenos Aires. Mis impresiones de entonces quizá las conozcáis en verso, en versos de los dirigidos a la señora de Lugones en cierta mentada epístola.
… En fin, convaleciente, llegué a nuestra ciudad
de Buenos Aires, no sin haber escuchado
a mister Root, a bordo del «Charleston» sagrado;
mas mi convalecencia duró poco. ¿Qué digo?
mi emoción, mi entusiasmo y mi recuerdo amigo, y el
banquete de «La Nación» que fue estupendo,
y mis viejas siringas con su pánico estruendo,
y ese fervor porteño, ese perpetuo arder,
