La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo De Valldemosa partí un día en el «Rey Jaime I», que me trajo a la amable ciudad condal. Aquí debía residir, fijar la planta por muchos años, Dios mediante, y en verdad confieso que me es grata en extremo la estancia en esta tierra, «archivo de cortesía», como reza la frase del glorioso manco de Lepanto.
Dejé París, sin un dolor, sin una lágrima. Mis veinte años de París, que yo creía que eran unas manos de hierro que me sujetaban al solar luteciano, dejaron libre mi corazón. Creí llorar y no lloré.
Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver,
cuando quiero llorar, no lloro
y a veces lloro sin querer