La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo Ananké es una poesÃa aislada y que no se compadece con mi fondo cristiano. Valera la censura con razón, y ella no tuvo posiblemente más razón de ser que un momento de desengaño, y el acÃbar de lecturas poco propias para levantar el espÃritu a la luz de las supremas razones. El más intenso teólogo puede deshacer en un instante la reflexión del poeta en ese instante pesimista, y demostrar que tanto el gavilán como la paloma forman parte integrante y justa de la concorde unidad del universo; y que, para la mente infinita, no existen, como para la limitada mente humana, ni Ahrimanes, ni Ormuz. Concluye el librito con una serie de sonetos: Caupolicán, que inició la entrada del soneto alejandrino a la francesa en nuestra lengua (al menos según mi conocimiento). Aplicación a igual poema de forma fija, de versos de quince sÃlabas, se advierte en Venus. Otro soneto a la francesa y de asunto parisiense: De invierno. Luego retratos lÃricos, medallones de poetas que eran algunas de mis admiraciones de entonces; Leconte de Lisle, Catulle Mendès, el yanqui Walt Whitman, el cubano Palma, el mexicano DÃaz Mirón, a quien imitara en ciertos versos agregados en ediciones posteriores de Azul…, y que empiezan:
Nada más triste que un titán que llora,
hombre montaña encadenado a un lirio,
que gime fuerte, que, pujante, implora,
vÃctima propia de su fatal martirio.