La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo lo lloras, tienes razón,
pero ten resignación
que existe una eternidad
do no hay penas…
Y en un trozo de azucena
moran los justos cantando…
No, no continuaré. Otros versos míos se publicaron y se me llamó en mi república, y en las cuatro de Centroamérica, «el poeta niño». Como era de razón, comencé a usar larga cabellera, a divagar más de lo preciso, a descuidar mis estudios de colegial, y en mi desastroso examen de matemáticas fui reprobado con innegable justicia.
Como se ve, era la iniciación de un nacido aeda. Y la alarma familiar entró en mi casa. Entonces, la excelente anciana protectora quería que aprendiese a sastre, o a cualquier otro oficio práctico y útil, pero mis románticos éxitos con las mozas eran indiscutibles, lo cual me valía, por mi contextura endeble y mis escasas condiciones de agresividad, ser la víctima de fuertes zopencos rivales míos, que tenían brazos robustos y estaban exentos de iniciación apolínea.