La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo NO PUEDO REMEMORAR por cuál motivo dejó de publicarse mi diario, y tuve que partir a establecerme en Costa Rica. En San José pasé una vida grata, aunque de lucha. La madre de mi esposa era de origen costarricense y tenía allí alguna familia. San José es una ciudad encantadora entre las de la América Central. Sus mujeres son las más lindas de todas las de las cinco repúblicas. Su sociedad, una de las más europeizadas y norteamericanizadas. Colaboré en varios periódicos, uno de ellos dirigido por el poeta Pío Víquez; otro por el cojo Quiroz, hombre temible en política, chispeante y popular, intimé allí con el ministro español Arellano y cuando nació mi primogénito, como he referido, su esposa, Margarita Foxá, fue la madrina.
Un día vi salir de un hotel, acompañado de una mujer muy blanca y de cuerpo fino, española, a un gran negro elegante. Era Antonio Maceo. Iba con él otro negro, llamado Bembeta, famoso también en la guerra cubana.
