Prosas profanas y otros poemas
Prosas profanas y otros poemas Pues para tus colores imperiales evocas
Con el triunfo de otoño y la sangre del día,
El marfil de las frentes, la brasa de las bocas,
y la autumnal tristeza de las vírgenes locas
Por la Lujuria, madre de la Melancolía.
Marina.
Como al fletar mi barca con destino a Citeres
Saludara a las olas, contestaron las olas
Con un saludo alegre de voces de mujeres.
Y los faros celestes prendían sus farolas,
Mientras temblaba el suave crepúsculo violeta.
«Adiós —dije— países que me fuisteis esquivos;
Adiós peñascos enemigos del poeta;
Adiós costas en donde se secaron las viñas,
Y cayeron los términos en los bosques de olivos.
Parto para una tierra de rosas y de niñas,
Para una isla melodiosa
Donde más de una musa me ofrecerá una rosa».
Mi barca era la misma que condujo a Gautier
Y que Verlaine un día para Chipre fletó,
Y provenía de
El divino astillero del divino Watteau.
Y era un celeste mar de ensueño,
Y la luna empezaba en su rueca de oro