Prosas profanas y otros poemas
Prosas profanas y otros poemas La carnavalesca noche luminosa
Dio a mi triste espíritu la mujer hermosa,
Sus ojos de fuego, sus labios de rosa.
Y en el gabinete del café galante
Ella se encontraba con su nuevo amante,
Peregrino pálido de un país distante.
Llegaban los ecos de vagos cantares;
Y se despedían de sus azahares
Miles de purezas en los bulevares.
Y cuando el champaña me cantó su canto,
Por una ventana vi que un negro manto
De nube, de Febo cubría el encanto.
Y dije a la amada de un día: —¿No viste
De pronto ponerse la noche tan triste?
¿Acaso la Reina de luz ya no existe?
Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro:
—«¡Pierrot! ¡ten por cierto
Que tu fiel amada, que la Luna, ha muerto!»
