Autobiografía
Autobiografía Al volver a casa después de mi breve excursión geológica por el norte de Gales, encontré una carta de Henslow en la que se me informaba que el capitán Fitz-Roy estaba dispuesto a ceder parte de su camarote a cualquier joven que se prestara voluntario para marchar con él, sin paga, como naturalista en el viaje del Beagle. En mi diario manuscrito ofrecí, según creo, un relato de todas las circunstancias ocurridas entonces; en este lugar diré únicamente que me sentí ansioso de inmediato por aceptar la oferta, pero mi padre se opuso enérgicamente y añadió unas palabras que fueron una suerte para mí: «Si puedes encontrar a un hombre con sentido común que te aconseje ir, te daré mi consentimiento». Así pues, aquella misma tarde escribí rechazando la oferta. A la mañana siguiente fui a Maer con el fin de hallarme preparado para el 1 de septiembre, y mientras me encontraba fuera cazando, mi tío[18] mandó a buscarme y se ofreció a llevarme a Shrewsbury y hablar con mi padre. Como mi tío pensaba que sería razonable por mi parte aceptar aquel ofrecimiento, y dado que mi padre había mantenido siempre que era uno de los hombres más sensatos del mundo, consintió de inmediato con la mayor amabilidad. Mi vida en Cambridge había sido bastante manirrota, y para consolar a mi padre le dije que «debería ser condenadamente listo para gastar a bordo del Beagle más de lo que me permitía mi asignación»; pero él me respondió con una sonrisa: «Todo el mundo me dice que eres listísimo».
