El origen de las especies
El origen de las especies MÃster Watson ha hecho también la objeción de que la acción continua de la selección natural, junto con la divergencia de caracteres, tenderÃa a producir un número indefinido de formas especÃficas. Por lo que se refiere a las condiciones puramente inorgánicas, parece probable que un número suficiente de especies se adaptarÃa pronto a todas las diferencias tan considerables de calor, humedad, etc.; pero yo admito por completo que son más importantes las relaciones mutuas de los seres orgánicos, y, como el número de especies en cualquier paÃs va aumentando, las condiciones orgánicas de vida tienen que irse haciendo cada vez más complicadas. Por consiguiente, parece a primera vista que no hay lÃmite para la diversificación ventajosa de estructura, ni, por tanto, para el número de especies que puedan producirse. No sabemos que esté completamente poblado de formas especÃficas, ni aun el territorio más fecundo: en el Cabo de Buena Esperanza y en Australia, donde vive un número de especies tan asombroso, se han aclimatado muchas plantas europeas, y la GeologÃa nos muestra que el número de especies de conchas, desde un tiempo muy antiguo del perÃodo terciario, y el número de mamÃferos, desde la mitad del mismo perÃodo, no ha aumentado mucho, si es que ha aumentado algo. ¿Qué es, pues, lo que impide un aumento indefinido en el número de especies? La cantidad de vida -no me refiero al número de formas especÃficas- mantenida por un territorio dependiendo tanto como depende de las condiciones fÃsicas ha de tener un lÃmite, y, por consiguiente, si un territorio está habitado por muchÃsimas especies, todas o casi todas estarán representadas por pocos individuos y estas especies estarán expuestas a destrucción por las fluctuaciones accidentales que ocurran en la naturaleza de las estaciones o en el número de sus enemigos. El proceso de destrucción en estos casos serÃa rápido, mientras que la producción de especies nuevas tiene que ser lenta. Imaginémonos el caso extremo de que hubiese en Inglaterra tantas especies como individuos, y el primer invierno crudo o el primer verano seco exterminarÃa miles y miles de especies. Las especies raras -y toda especie llegará a ser rara si el número de especies de un paÃs aumenta indefinidamente- presentarán, según el principio tantas veces explicado, dentro de un perÃodo dado, pocas variaciones favorables; en consecuencia, se retardarÃa de este modo el proceso de dar nacimiento a nuevas formas especÃficas.