El origen de las especies
El origen de las especies Esta opinión parece explicar lo que se ha indicado varias veces, o sea que apenas conocemos nada del origen o historia de ninguna de nuestras razas domésticas. Pero, de hecho, de una casta, como de un dialecto de una lengua, difÃcilmente puede decirse que tenga un origen definido. Alguien conserva un individuo con alguna diferencia de conformación y obtiene crÃa de él, o pone mayor cuidado que de ordinario en aparear sus mejores animales y asà los perfecciona, y los animales perfeccionados se extienden lentamente por los alrededores inmediatos; pero difÃcilmente tendrán todavÃa un nombre distinto y, por no ser muy estimados, su historia habrá pasado inadvertida. Cuando mediante el mismo método, lento y gradual, hayan sido más mejorados, se extenderán más lejos y serán reconocidos como una cosa distinta y estimable, y recibirán entonces por vez primera un nombre regional. En paÃses semicivilizados, de comunicación poco libre, la difusión de una nueva sub-raza serÃa un proceso lentÃsimo. Tan pronto como los rasgos caracterÃsticos son conocidos, el principio, como lo he llamado yo, de la selección inconsciente tenderá siempre -quizá más en un perÃodo que en otro, según que la raza esté más o menos de moda; quizá más en una comarca que en otra, según el estado de civilización de los habitantes- a aumentar lentamente los rasgos caracterÃsticos de la raza, cualesquiera que sean éstos. Pero serán infinitamente pequeñas las probabilidades de que se haya conservado alguna historia de estos cambios lentos, variantes e insensibles.