Viaje de un naturalista alrededor del mundo

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La superficie interior de esos tubos está por completo vitrificada, reluciente y pulimentada. Un pequeño fragmento examinado al microscopio se parece a un trozo de metal sometido a la acción del soplete, tan grande es el número de burbujas de aire o de vapor que contiene. La arena, en ese lugar, es enteramente o en gran parte silícea, pero en algunos puntos del tubo presenta un color negro y la superficie reluciente tiene un brillo absolutamente metálico. El espesor de las paredes del tubo varía de 1/13 a 1/20 de pulgada y a veces llega hasta 1/10 de pulgada. Al exterior, los granos de arena son redondeados y están algún tanto vitrificados, pero no he podido observar signo alguno de cristalización. Como ya lo he indicado en los Geological Transactions, los tubos se hallan por lo general comprimidos y tienen profundas ranuras longitudinales, lo que les hace semejar absolutamente a un tallo vegetal arrugado, o mejor aún a la corteza del olmo o del alcornoque. Tienen unas 2 pulgadas de circunferencia; mas, en algunos fragmentos cilíndricos en que no existen las ranuras, esa circunferencia llega a tener 4 pulgadas. Tales ranuras provienen evidentemente de la compresión ejercida por la arena circundante sobre el tubo mientras éste estaba aún blando a consecuencia de los efectos del intenso calor. A juzgar por los fragmentos no comprimidos, la chispa debía de tener un diámetro (si así puede decirse) de una pulgada y cuarto. M. Hachette y M. Beudant han logrado hacer en París tubos⁽³⁰⁾ parecidos en todo a esas fulguritas, haciendo pasar descargas eléctricas en extremo intensas a través de vidrio reducido a polvo impalpable; cuando añadían sal al vidrio a fin de aumentar su fusibilidad, los tubos tenían dimensiones mucho más considerables. No lograron obtener tubos haciendo pasar la chispa a través del feldespato o de cuarzo pulverizados. Un tubo obtenido en cristal pulverizado tenía cerca de una pulgada de largo, exactamente 982 milésimas de pulgada y un diámetro interior de 19 milésimas de pulgada. Cuando al mismo tiempo se lee que se empleó la batería más potente que existía en París y que se utilizaron substancias tan fácilmente fusibles como el vidrio para llegar a obtener tubos tan pequeños, ¡qué asombro se experimenta al pensar en la fuerza de una descarga eléctrica que, atravesando la arena en muchos lugares, pudo formar cilindros que tenían, en un caso por lo menos, 30 pies de longitud y un diámetro interior, en los lugares no comprimidos, de pulgada y media, y eso en una substancia tan extraordinariamente refractaria como el cuarzo!


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