Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo La geología de esta isla constituye la parte más interesante de su historia natural. Desde que se entra en el puerto, se columbra, en la duna que está frente al mar, una faja blanca perfectamente horizontal que se extiende en una distancia de muchas millas a lo largo de la costa y que se halla situada a una altitud de unos 45 pies (13 metros) sobre el nivel del mar. Cuando se examina más de cerca esta capa blanca, se encuentra que consiste en materias calcáreas que contienen numerosas conchas, la mayoría de las cuales existen aún en la costa vecina. Esa capa descansa sobre antiguas rocas volcánicas y ha quedado recubierta a su vez por otra de basalto que debió precipitarse al mar cuando la capa blanca que contiene las conchas reposaba aún en el fondo del agua. Es muy interesante observar las modificaciones aportadas en la masa friable por el calor de las lavas que la han recubierto; parte de esa masa ha sido transformada en creta cristalina y parte en una compacta piedra salpicada de manchas. Allí donde las escorias de la superficie inferior de la corriente de lava han tocado la cal, ésta se ha convertido en grupos de fibras admirablemente radiadas parecidas al aragonito. Las capas de lava se elevan en forma de mesetas sucesivas ligeramente inclinadas hacia el interior, de donde salieron en su origen los diluvios de piedra en fusión. A mi juicio, desde los tiempos históricos no se ha manifestado en Santiago ningún signo de actividad volcánica. Hasta es raro que pueda descubrirse la forma de un cráter en la cumbre de las numerosas colinas constituidas por rojas cenizas; sin embargo, pueden distinguirse en la costa las capas de lava más recientes; éstas forman, en efecto, líneas de dunas menos elevadas, pero que avanzan mucho más lejos que las lavas antiguas; la altura relativa de las dunas indica, pues, en cierto modo, la antigüedad de las lavas.