Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Un octopus o pulpo me interesó también mucho, y me hizo pasar largas horas estudiando sus costumbres. Aunque abundan en los charcos que deja la marea al retirarse, estos animales no se dejan atrapar fácilmente. Por medio de sus largos brazos y de sus ventosas, logran introducirse en grietas muy estrechas y, una vez en ellas, es necesario emplear una gran fuerza para hacerlos salir. Otras veces, se lanzan, con la cabeza hacia adelante y con la rapidez de una flecha, de un lado a otro del charco, y colorean al mismo tiempo el agua extendiendo en torno de ellos una especie de tinta de color pardo oscuro. Esos animales tienen también la extraordinaria facultad de cambiar de color para ocultarse a las miradas. Parecen variar los matices de su cuerpo según la naturaleza del terreno sobre el que pasan; cuando se encuentran en un lugar donde el agua es profunda, presentan de ordinario un color rojizo pardusco; pero cuando son colocados sobre la tierra o en un lugar donde el agua es poco profunda, ese color oscuro desaparece para dar lugar a un matiz verde amarillento. Si se examina con más atención el color de esos animales, se ve que son grises y están recubiertos de numerosas manchas de color amarillo fuerte; algunas de esas manchas varían en intensidad, otras aparecen y desaparecen continuamente. Tales modificaciones de color se efectúan de tal forma que se diría que van pasando constantemente sobre el cuerpo del animal nubes de colores, que varían del rojo jacinto al rojo castaño. Cualquier parte de su cuerpo sometida a un ligero choque galvánico se pone casi negra; puede producirse un efecto parecido, aunque menos acentuado, rascándoles la piel con una aguja. Esas nubes o llamaradas de color, como se las podría llamar, están producidas por la dilatación y la contracción sucesivas de vesículas muy pequeñas que contienen fluidos diversamente coloreados.