Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo La especie de chorlito real que parece ir subida sobre zancos (Himantopus nigricollis) se encuentra aquí en bandadas considerables. Se le ha acusado injustamente de falta de elegancia, pero cuando vadea aguas poco profundas, que es su habitat favorito, su marcha está muy lejos de ser torpe. Reunidas en bandadas, estas aves dejan oír un grito que se parece extrañamente a los ladridos de una jauría de perros en plena caza; despertando de súbito por él en medio de la noche, durante algunos instantes creo estar oyendo ladridos. El teru-teru (Vanellus Cayanus) es otra de las aves que, a menudo también turban el silencio de la noche. Por su aspecto y por sus costumbres se parece mucho a nuestras avefrías; sin embargo, sus alas van armadas de agudos espolones, como los que el gallo común ostenta en las patas. Cuando se atraviesa las llanuras cubiertas de césped, esas aves persiguen incesantemente al viajero; parecen detestar al hombre, que le corresponde con creces, porque no hay nada más desagradable que su agudo grito, siempre el mismo, y que no deja de oírse ni un solo instante. El cazador los execra porque anuncian su aproximación a todas las aves y a toda clase de animales terrestres; quizá presten algún servicio a los viajeros, porque, como dice Molina, también a ellos les anuncian la proximidad de los salteadores de caminos. Durante la época de cortejo, fingen estar heridos y poder apenas huir, para alejar de sus nidos a los perros y a todos sus restantes enemigos. Los huevos de estas aves dicen que son un manjar delicado.