Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Llegamos a la séptima posta, situada al pie de la Sierra de Tapalqué. Hemos atravesado un país absolutamente plano; el suelo, blando y turboso, está cubierto de ásperas hierbas. La choza está muy limpia y es bastante habitable; los postes y las vigas están construidos por cerca de una docena de tallos de cardos silvestres unidos uno a otro con tiras de cuero; tales postes, que parecen columnas jónicas, soportan el techo y los costados recubiertos de cañas a manera de bálago. En este lugar me relatan un hecho que yo no hubiera creído si no hubiese sido en parte testigo ocular. Durante la noche precedente había caído con tanta violencia granizo, tan grande como manzanitas y de tanta dureza que había matado un gran número de animales salvajes. Uno de los soldados había encontrado trece cadáveres de ciervos (Cervus campestris), y me enseñaron su piel todavía fresca; algunos minutos después de mi llegada, otro soldado trajo otros siete. Y yo sé perfectamente que un hombre, sin la ayuda de perros, no hubiera podido matar siete ciervos ni en una semana. Los hombres afirmaban haber visto por lo menos quince avestruces muertos (teníamos uno para comer), y agregaban que otros muchos habían quedado ciegos. Gran número de aves más pequeñas, como patos, halcones y perdices habían quedado muertos también. Me enseñaron una perdiz cuyo torso, por completo negro, parecía haber sido golpeado con una piedra grande. Un seto de tallos de cardos silvestres que rodeaba la choza había quedado casi por completo destruido, y uno de los hombres, al sacar la cabeza al exterior para curiosear, había recibido una grave herida; iba vendado. Según me dijeron, la tempestad no había causado estragos más que en una extensión de terreno poco considerable. En efecto, desde nuestro vivac, durante la noche anterior, habíamos visto una nube muy negra y relámpagos en esta dirección. Parece increíble que animales tan fuertes como los ciervos hayan podido ser muertos de esa manera; pero, después de ver las pruebas que acabo de mencionar, estoy persuadido de que no me exageraron.