Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Al atardecer nos volvemos a poner en camino para dirigirnos a Mercedes, a orillas del río Negro. Llegada la noche, pedimos hospitalidad en una estancia que encontramos en nuestro camino. Esta propiedad es muy considerable, pues tiene 10 leguas cuadradas y pertenece a uno de los mayores terratenientes del país. Su sobrino dirige la estancia y con él se encuentra uno de los capitanes del ejército que acaba de huir de Buenos Aires recientemente. La conversación de esos señores no deja de ser divertida, dada su posición social. Como casi todos sus compatriotas, por lo demás, lanzan grandes gritos de asombro cuando les digo que la Tierra es redonda y no quieren creer que un pozo lo suficientemente profundo iría a salir al otro lado del mundo. Sin embargo, han oído hablar de un país donde el día y la noche duran seis meses seguidos, alternativamente, ¡país poblado de habitantes altos y delgados! Me hacen numerosas preguntas acerca de la cría y precios del ganado en Inglaterra. Y cuando les digo que nosotros no cogemos a lazo nuestros animales, exclaman; "¡Cómo! ¿Entonces no se sirven ustedes más que de las boleadoras?" No tenían la menor idea de las costumbres de otro país. El capitán, finalmente, me dijo que tenía una pregunta que hacerme, pero una pregunta de mucha importancia, a la que me rogaba contestase con toda verdad. Casi temblaba yo al pensar en la profundidad científica que iba a tener tal pregunta, y el lector podrá juzgar. Hela aquí: "¿No son las mujeres de Buenos Aires las más bellas del mundo?" Como un verdadero renegado, le contesté: "Ciertamente, sí". Y agregó: "Tengo otra pregunta que hacerle, ¿hay otro país del mundo donde las mujeres lleven peinetas tan grandes como las que lucen las de Buenos Aires?" Solemnemente le afirmé que jamás lo había encontrado.