Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Cuando por primera vez se penetra en la sociedad de esos países, de momento ya llaman la atención dos o tres rasgos característicos: las maneras dignas y corteses que se notan en todas las clases sociales, el gusto excelente de que dan prueba las mujeres en la elección de sus vestidos y la perfecta igualdad que reina por todas partes. Hasta los más ínfimos tenderos tenían la costumbre de comer con el general Rosas cuando éste se hallaba en su campamento junto al río Colorado. El hijo de un comandante, en Bahía Blanca, ganaba su vida haciendo cigarrillos, y cuando mi ida a Buenos Aires, me hubiera acompañado como guía o como criado si su padre no hubiera temido para él los peligros del camino. Un gran número de oficiales del Ejército no saben ni leer ni escribir, lo que no les impide hallarse socialmente en un pie de igualdad de lo más perfecto. En la provincia de Entre Ríos, la Sala no estaba constituida más que por seis representantes: uno de ellos era dueño de una tienda de lo más ínfimo, lo cual no era para él motivo de ninguna desconsideración. Sé muy bien que hay que esperar tales espectáculos en un país nuevo; pero no es menos cierto que la ausencia absoluta de personas que ejerzan la profesión de gentleman, si puedo expresarme así, parece muy extraño a un inglés.