Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Entre las escenas que causaron más profunda impresión en mi espíritu, ninguna tan sublime como el aspecto de las selvas vírgenes…; sean éstas las selvas de Brasil, donde domina la vida en toda su exuberancia; sean las de Tierra del Fuego, donde la muerte reina como soberana. Son unas y otras dos verdaderos templos llenos de todas las espléndidas producciones de la diosa Naturaleza. Nadie, según creo, puede penetrar en esas vastas soledades sin sentir una viva emoción y sin comprender que hay en el hombre algo más que la vida animal.
Cuando evoco los recuerdos del pasado, las llanuras de la Patagonia acuden frecuentemente a mi memoria, y, sin embargo… son desiertos. ¿Por qué, entonces, esos desiertos –y no soy el único que ha experimentado ese sentimiento– han causado en mi tan profunda impresión? ¿Por qué las Pampas, aun más llanas, más verdes, más fértiles, y que al menos son útiles al hombre, no me han producido semejante efecto?…
(Darwin. Viaje de un naturalista, cap. XXI-11)