Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo El basalto es, pura y simplemente, lava que ha surgido bajo el mar; pero las erupciones han debido de producirse en gran escala. En efecto, en el punto donde primeramente habíamos observado esa formación, tiene 120 pies de espesor; a medida que se remonta por el río, la superficie de la capa de basalto se eleva imperceptiblemente y la masa se hace más espesa, de tal suerte que 40 millas más lejos alcanzan un espesor de 320 pies. ¿Cuál puede ser el espesor de esa capa cerca de la Cordillera? No tengo dato alguno que me permita decirlo, pero la plataforma está a unos 3.000 pies sobre el nivel del mar. Es, pues, en las montañas de esa gran cadena donde debemos buscar el origen de esa capa y son bien dignos de tal origen esos torrentes de lava que han recorrido una distancia de 100 millas sobre el lecho tan poco inclinado del mar. No hay más que dirigir una ojeada a los acantilados de basalto de los dos lados opuestos del valle para llegar a la conclusión de que en otros tiempos no debían formar más que un solo bloque. ¿Cuál es, pues, el agente que ha desprendido, en una distancia excesivamente larga, una masa sólida de roca muy dura, que tiene un espesor medio de 300 pies en una anchura que varía de un poco menos de 2 millas a 4? Aunque el río tenga tan poca fuerza cuando se trata de acarrear fragmentos incluso poco considerables, sin embargo habrá podido ejercer durante el transcurso de los tiempos una erosión gradual, de cuyo efecto seria difícil determinar la importancia. Pero en el caso que nos ocupa, además del poco alcance de un agente como ese, se podría establecer una multitud de excelentes razones para sostener que un brazo de mar atravesó en otros tiempos este valle. Sería superfluo en esta obra detallar los argumentos que llevan a esa conclusión, argumentos sacados de la forma y de la naturaleza de los terraplenes, que adoptan la disposición de gigantescas escaleras y que ocupan los dos lados del valle, de la manera como el fondo del valle se extiende en una llanura en forma de bahía cerca de los Andes, llanura entrecortada de colinas de arena, y de algunas conchas marinas que se encuentran en el lecho del río. Si no dispusiera de limitado espacio, podría yo probar que, en los pasados tiempos, un estrecho semejante al de Magallanes y que, como éste, unía los océanos Atlántico y Pacífico, atravesaba América meridional en tal lugar. Pero no por eso deja de estar en pie la pregunta: ¿cómo ha sido disgregado el basalto sólido? Los antiguos geólogos hubieran llamado en su ayuda la acción violenta de cualquier espantosa catástrofe: pero, en tal caso, semejante suposición sería inadmisible, porque las mismas llanuras dispuestas en escalones y mostrando en su superficie conchas en la actualidad existentes aún, llanuras que bordean la larga extensión de las costas de la Patagonia, contornean también el valle del Santa Cruz. Ninguna inundación hubiera podido dar ese relieve a la tierra, ya sea en el valle, ya a lo largo de la costa, y lo cierto es que el valle está formado a consecuencia de la constitución de esas plataformas sucesivas. Aunque sepamos que en las partes más angostas del estrecho de Magallanes existen corrientes que lo atraviesan a la velocidad de 8 nudos por hora, no por eso queda uno menos estupefacto cuando se piensa en el número de años que han sido precisos para que corrientes semejantes a aquélla hayan podido disgregar una masa tan colosal de lava basáltica sólida. Hay que creer, sin embargo, que las capas, minadas por las aguas que atraviesan ese antiguo estrecho, se dividieron en inmensos fragmentos; que éstos, a su vez, acabaron por romperse en trozos menos considerables, después se redujeron a guijarros y al fin a polvo impalpable que las corrientes condujeron lejos, a uno u otro de los dos océanos.