Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Desde lo alto de una colina saludamos con alegrÃa las blancas cimas de la Cordillera; de vez en cuando las vemos perforar su sombrÃa envoltura de nubes. Durante algunos dÃas continuamos ascendiendo con lentitud contra la corriente, muy lentamente, porque el curso del rÃo se hace tortuoso y a cada instante nos vemos detenidos por inmensos fragmentos de antiguas rocas pizarrosas y de granito. La llanura que bordea el valle alcanza aquà una altitud de unos 1.100 pies por encima del rÃo; el carácter de esa llanura está profundamente modificado. Los guijarros de pórfido, perfectamente redondeados, se encuentran mezclados a inmensos fragmentos angulares de basalto y de rocas primarias. Veo aquÃ, a 67 millas de distancia de la montaña más próxima, los primeros bloques erráticos; medà uno que tenia 5 metros cuadrados y que se elevaba 5 pies por encima del pedregal. Los bordes de esa masa eran tan perfectamente angulares y tan considerable su grueso, que de momento lo juzgué como un peñasco in situ y requerà mi brújula para observar el plano de fractura. La llanura ya no es tan llana como al borde del mar; sin embargo, no se ve signo alguno de cataclismo. En estas circunstancias, creo que es absolutamente imposible explicar el transporte de esas gigantescas rocas a una distancia tan grande de la montaña de donde provienen con toda seguridad, más que por la teorÃa de los hielos flotantes.