Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Hacía algún tiempo que yo no había montado a caballo; así es que me encontraba molido cada mañana. Sin embargo, quedé muy sorprendido al saber que a los gauchos, que desde su más tierna infancia pasan a caballo la vida, les ocurría lo mismo en circunstancias análogas. Santiago me refiere que, luego de una enfermedad de tres meses, había salido a cazar animales salvajes y que después de ello había quedado tan molido que se vio obligado a guardar cama durante dos días. Esto prueba que los gauchos deben ejercer realmente una violenta acción muscular aunque no lo parezca. Cazar animales salvajes en un país tan difícil de atravesar a causa de los numerosos marjales que lo entrecruzan, debe constituir un ejercicio muy fatigoso. Los gauchos me refieren que a menudo atraviesan al galope lugares por donde sería imposible pasar al paso; algo semejante ocurre cuando un hombre provisto de patines pasa por encima de una capa de hielo muy delgada. Los cazadores se esfuerzan en aproximarse lo más posible al rebaño sin ser vistos. Cada hombre va provisto de cuatro o cinco pares de boleadoras; arrojan unas después de otras a otros tantos animales, y una vez que los alcanzan, los dejan así para que el hambre y los esfuerzos que hacen para soltarse los debiliten. Entonces los ponen en libertad y se les empuja hacia un pequeño rebaño de animales domesticados que han sido conducidos con tal objeto junto a ellos. El tratamiento de que se les ha hecho victimas les inspira tal terror que no se atreven a separarse del rebaño y se les conduce fácilmente hasta la casa, suponiendo, sin embargo, que les queden fuerzas bastantes para recorrer el camino.