Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Se experimenta siempre un inmenso deseo de saber si otro ser humano ha visitado ya un lugar poco frecuentado. Si por ejemplo, se encuentra un trozo de madera en el cual hay clavado un clavo, se le estudia con tanto cuidado como un jeroglífico. Lleno de ese sentimiento, me detengo, vivamente interesado, ante un montón de hierbas bajo unas rocas salientes, en un retirado lugar de esa costa salvaje. Ese montón de hierbas, seguramente, ha servido de lecho; cerca se encuentran los restos de un fuego y el hombre que habitó tal lugar se sirvió de un hacha. El fuego, el lecho, la elección del emplazamiento, todo indica la finura y destreza de un indio; pero, sin embargo, no puede ser un indio, porque en esta parte del país la raza está extinguida gracias a los cuidados que tuvieron los católicos de transformar a la vez a los indios en católicos y en esclavos. Llego a la conclusión de que el hombre que hizo este lecho en este lugar salvaje debe de ser algún pobre marinero náufrago que, durante su viaje a lo largo de la costa, descansó allí durante una triste noche.
(28 de diciembre)
