Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Al día siguiente, después de almorzar, fuimos a visitar Punta Huantamo, situada algunas millas más al norte. El camino bordea una playa muy ancha, en la cual, a pesar de una larga serie de días buenos, la mar rompe con furia. Me dicen que, durante una gran tempestad, los bramidos del mar se oyen durante la noche en Castro, a 21 millas marinas de distancia, a través de un país montañoso y lleno de bosques. Tan malos son los caminos, que experimentamos no pocas dificultades para llegar al lugar que queríamos visitar; en efecto, así que el sendero se encuentra sombreado por los árboles, se transforma en un verdadero pantano. Punta Huantamo es un magnífico amontonamiento de rocas, recubiertas de una planta afín, a mi parecer, a la bromelia, y a la que los habitantes denominan chepones. Recorriendo esas rocas nos desollamos horriblemente las manos, lo cual no impide que riamos mucho al ver el cuidado que pone nuestro guía indio en levantarse cuanto es posible su pantalón; piensa, sin duda, que su traje es más delicado que su piel. Esa planta tiene un fruto semejante a una alcachofa y contiene un gran número de semillas pulposas, muy estimada aquí por su sabor azucarado y agradable. En el puerto de Low, los habitantes se sirven de ese fruto para preparar chicha o sidra; tan cierto es, como lo hace notar Humboldt, que casi en todas partes el hombre encuentra la manera de preparar bebidas con vegetales. Creo, sin embargo, que los salvajes de Tierra del Fuego y de Australia no han llegado aún a tal grado de civilización.