Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Reembarcamos en la piragua y atravesamos el lago; después montamos de nuevo a caballo. Los habitantes de Chiloé aprovechan esta semana de buen tiempo extraordinario para quemar sus selvas; no se ve por todas partes sino nubes de humo. Pero, aunque tienen gran cuidado en dar fuego al bosque por muchos sitios a la vez, ni aun así logran provocar un gran incendio. Almorzamos con nuestro amigo el comandante y no llegamos a Castro sino de noche cerrada. Al día siguiente, por la mañana, partimos muy temprano. Después de una etapa bastante larga llegamos a la cumbre de una colina, desde donde la vista se extiende sobre el bosque, espectáculo muy raro en este país. Por encima del horizonte de los árboles se alza en toda su belleza el volcán Corcovado, y otro volcán de cima plana un poco más al norte; apenas si podemos distinguir otro pico de la gran cadena. Jamás el recuerdo de ese admirable espectáculo se borrará de mi memoria. Pasamos la noche al aire libre y a la mañana siguiente llegamos a San Carlos. Ya era tiempo, porque esa misma noche la lluvia empezó a caer a torrentes, y hubiéramos tenido que soportarla.
(4 de febrero)
