Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo (4 de marzo)
Entramos en el puerto de Concepción. Mientras el navío busca un lugar bien abrigado, desembarco en la isla de Quiriquina. El intendente de esa propiedad viene presuroso a mi encuentro para anunciarme la terrible nueva del terremoto del 20 de febrero, y me dice que "no hay una sola casa en pie ni en Concepción ni en Talcahuano (el puerto); que setenta aldeas han quedado destruidas y que una ola inmensa se ha llevado casi las ruinas de Talcahuano". Tengo las pruebas de esa última parte de su relato; la costa entera está colmada de maderos y de muebles, como si un millar de buques hubieran ido a romperse allí. Además de las sillas, las mesas, las cómodas, etcétera, se ven los techos de muchas cabañas que han sido transportados hasta allí casi enteros. Los almacenes de Talcahuano han compartido la suerte común y se ven también inmensas balas de algodón, de hierba mate y de otras mercancías. Durante mi paseo alrededor de la isla veo que numerosos fragmentos de rocas, que, a juzgar por la vida marina que tienen aún adherida, debían hallarse recientemente a grandes profundidades, y han sido arrojados muy al interior de la costa; mido uno de esos bloques, que tiene seis pies de largo, tres de ancho y dos de espesor.
