Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Durante casi todos los terremotos las aguas de los mares vecinos han sido considerablemente agitadas. Esa agitación, según lo que ha ocurrido en Concepción, parece adoptar en general dos formas diferentes. Primero, en el momento mismo de la sacudida, el agua se eleva considerablemente sobre la costa; pero el movimiento es lento, y se retira también lentamente; después de algún tiempo, el mar se retira de la costa y vuelve a avanzar luego formando olas que tienen una fuerza espantosa. El primer movimiento parece ser una consecuencia inmediata del terremoto, que afecta de un modo diferente a un liquido y a un sólido; de tal suerte que su diferencia de cotas se encuentra un tanto modificada; pero el segundo fenómeno es con mucho el más importante. Durante la mayoría de los terremotos, sobre todo durante aquellos que se producen en la costa occidental de América, es cierto que las aguas comienzan por retirarse. Algunos autores han tratado de explicarse ese hecho suponiendo que el agua conserva su nivel, en tanto que la tierra oscila de abajo arriba; pero el agua, junto a la costa, incluso junto a una costa escarpada, participaría seguramente del movimiento del fondo; además, como ha hecho notar míster Lyell, movimientos análogos del mar se han producido en islas muy alejadas de la línea principal de agitación. Así ha ocurrido en la isla de Juan Fernández, durante el terremoto que nos ocupa, y en la isla de Madeira durante el famoso terremoto de Lisboa. Presumo (más este tema es muy oscuro) que una ola, cualquiera que sea la manera como se forme, empieza por atraer el agua que cubre la costa sobre la que romperá luego; he observado ese hecho en las pequeñas olas formadas por las ruedas de los buques de vapor. Hecho notable es que, mientras Talcahuano y El Callao (población ésta cercana a Lima), situadas las dos en el fondo de inmensas bahías poco profundas, han sufrido mucho a causa de las grandes olas durante todos los terremotos de importancia, Valparaíso, situada a orillas de un mar profundo, jamás ha sufrido por esa causa, aunque ha sentido las sacudidas más violentas.