Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Hasta ahora, el paisaje es muy poco interesante, si se le compara con el paso del Portillo. Apenas si se puede ver otra cosa que las dos murallas desprovistas de vegetación del gran valle de fondo plano que sigue el camino hasta la cresta más alta. El valle y las inmensas montañas rocosas que le rodean son completamente estériles; desde hace dos días nuestras pobres mulas no tienen nada que comer, porque, a excepción de algunos arbustos resinosos, no puede verse ni una sola planta. En el transcurso de la jornada atravesamos algunos de los desfiladeros más peligrosos de la Cordillera; pero se exageran mucho los peligros que presentan. Se me había dicho que si trataba de pasarlos a pie, seguramente me daría vértigo, y que, por otra parte, no hay espacio suficiente para apearse del caballo; mas no he visto ni un solo lugar lo bastante estrecho para que fuera imposible ir hacia adelante o hacia atrás, y donde no fuera posible apearse de la mula por uno u otro lado. He atravesado uno de los peores pasos, que lleva el nombre de Paso de las Ánimas, sólo al día siguiente me enteré de que ofrece tremendos peligros. Sin duda hay muchos lugares donde, si la mula cayera, su jinete sería arrojado a cualquier terrible precipicio, pero eso es poco de temer. Además, puede suceder que, en primavera, las laderas o caminos formados de nuevo cada año sobre los montones de detritos caídos durante el invierno sean muy malos; pero, según lo que he visto, no se corre ningún peligro real. El asunto debe de ser por completo diferente para las mulas que acarrean mercaderías, porque la carga ocupa un espacio tal, que esos animales, ya sea por chocar unos con otros, o por engancharse a una punta de roca, pueden perder el equilibrio y caerse a un precipicio. En verano, los torrentes deberán de formar obstáculos casi infranqueables; pero al principio del invierno, época durante la que me encontraba en tales regiones, no hay peligro alguno. Por lo demás, me doy perfecta cuenta, como dice Sir F. Head, de las diferentes expresiones que emplean los que han pasado y los que están a punto de intentar el paso; pero, en suma, no he oído decir jamás que un hombre se haya ahogado, aunque esto sucede con frecuencia a mulas cargadas. Por otra parte, el arriero os aconseja que le mostréis el mejor camino a la mula que montáis y que después la dejéis proceder a su capricho; la mula cargada, al contrario, a menudo escoge el peor sitio y se pierde.