Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Nuestra llegada al puerto no deja de causar alguna emoción. Perú estaba entonces sumido en la anarquía; cada uno de los partidos que se disputaban el poder había impuesto una contribución a la ciudad y, al vernos llegar, creyeron que íbamos a exigir dinero. Los habitantes tenían también sus penas domésticas; algún tiempo antes, tres carpinteros franceses se habían introducido durante la misma noche en las dos iglesias y habían robado todos los vasos sagrados; sin embargo, uno de los ladrones acabó por confesar su delito y pudieron recobrarse los objetos robados. Se envió a los ladrones a Arequipa, capital de la provincia, situada a 200 leguas de distancia; pero las autoridades de la capital pensaron que era deplorable meter presos a tan útiles obreros, que sabían hacer toda clase de muebles, y los dejaron en libertad. Bien pronto se supo lo que había pasado, y no faltó quien robara de nuevo las iglesias, pero esta vez no se logró hallar los vasos sagrados. Los habitantes, furiosos, declararon que sólo los herejes podían robar de ese modo a Dios todopoderoso; se apoderaron, pues, de algunos ingleses para torturarlos, con la intención de darles muerte en seguida. Las autoridades se vieron obligadas a intervenir y, gracias a esto, se restableció la paz.
(13 de julio)
