Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Al descender del monte por la tarde, me encontré con un hombre al que había hecho yo un pequeño regalo por la mañana y me traía bananas asadas, aun calientes; un ananás, una piña y cocos. Luego de efectuar un largo paseo bajo un ardiente sol, no conozco nada más deliciosamente refrescante que la leche de coco. Tantos son los ananás que hay en esta isla, que se comen como en Inglaterra los nabos silvestres, tirando una parte de ellos. Su aroma es delicioso, preferible acaso al de los que se cultivan en Europa, y a mi juicio este es el mayor elogio que de una fruta puede hacerse. Antes de regresar a bordo, encargo a Mr. Wilson que le diga al tahitiano que tan amable ha sido conmigo que necesito de él y de otro hombre para que me acompañen a efectuar una corta excursión por las montañas.
(18 de noviembre)
