Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo (5 de julio de 1832)
N os hacemos a la vela de madrugada y salimos de la magnífica bahía de Río. Durante nuestro viaje hasta el Plata no vemos nada de particular, a no ser, cierto día, un considerable rebaño de muchos cientos de marsopas. La mar entera parecía surcada por esos animales, que nos ofrecían el espectáculo más extraordinario cuando avanzaban a saltos, que hacían salir del agua su cuerpo entero. Mientras nuestro navío marchaba a nueve nudos por hora, esos animales podían pasar y repasar por delante de la proa con la mayor facilidad y adelantarnos hasta alejarse. En el momento en que penetrábamos en la desembocadura del Plata el tiempo empeoró. En una noche muy oscura estamos rodeados por un gran número de focas y de pingüinos que hacen un ruido tan extraño que el oficial de cuarto nos asegura que oye los mugidos del ganado vacuno que está en la costa. Otra noche nos es dado asistir a una magnífica representación de fuegos de artificio naturales; la punta del mastelero y los extremos de las vergas brillaban a causa del fuego de San Telmo; casi podíamos distinguir la forma de la veleta, y se hubiera dicho que había sido frotada con fósforo. La mar estaba tan luminosa que los pingüinos parecían dejar tras de sí una estela de fuego y, de tiempo en tiempo, las profundidades del cielo se iluminaban de súbito al fulgor de un magnífico relámpago.
