Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Por la tarde me dirijo a casa de Mr. Williams, donde debo pasar la noche. Encuentro en ella un gran número de niños reunidos para celebrar el dÃa de Navidad; están todos sentados en torno a una gran mesa y toman el té. Jamás he visto grupo de niños más lindos y más alegres; se experimenta en verdad algún asombro cuando se piensa al mismo tiempo que uno se halla en medio de una isla donde el canibalismo, el asesinato y todos los crÃmenes más atroces reinan como verdaderos señores. Por lo demás, hasta los jefes de la misión parecen disfrutar también de la alegrÃa y felicidad que respiran todas aquellas caritas.
(24 de diciembre)
Se reza la plegaria matinal, en neozelandés, en presencia de toda la familia. Después del almuerzo voy a pasearme por los huertos y la granja. Es dÃa de mercado; los indÃgenas de los caserÃos vecinos traen sus patatas, su maÃz, sus cerdos, que vienen a cambiar por mantas y tabaco; algunas veces, a fuerza de persuasión, los misioneros logran hacerles tomar un poco de jabón. El hijo mayor de Mr. Davies, que explota una quinta, es el director del mercado. Los hijos de los misioneros, que vinieron muy jóvenes a vivir en la isla, comprenden la lengua indÃgena mucho mejor que sus padres, y también mejor que éstos se hacen obedecer por los indÃgenas.
