Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Descansamos en aquella aldea algunas horas; Mr. Bushby, durante ese tiempo, tuvo una larga discusión con un anciano, a propósito del derecho de vender ciertas tierras; el anciano, que parecía muy fuerte en genealogía local, indicaba los sucesivos propietarios, clavando en tierra una serle de trozos de madera. Andes de abandonar el poblado se nos entrega a cada uno un canasto con batatas asadas según la costumbre, nos las llevamos para comerlas durante el camino. Entre las mujeres ocupadas en cocinar he visto un esclavo. Debe de ser algo muy humillante entre un pueblo tan guerrero verse empleado en lo que se considera un trabajo enojoso casi hasta para las mujeres. A los esclavos no se les permite guerrear; pero ¿es verdaderamente ésta una gran privación? He oído hablar de un pobre desgraciado que durante una batalla se pasó al enemigo. Dos hombres se apoderaron inmediatamente de él; pero como no pudieron entenderse acerca de a quién pertenecía, los dos le amenazaban con su hacha de piedra, y cada uno parecía decidido a que por lo menos el otro no lo obtuviera vivo. La habilidad de la mujer de un jefe salvó a aquel infeliz, que estaba ya medio muerto de miedo. Nos dirigimos a donde está la canoa, pero ya ha anochecido cuando embarcamos a bordo de nuestro navío.
(30 de diciembre)
