Viaje de un naturalista alrededor del mundo

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6.- Piedras transportadas en raíces de árboles que abordan los islotes coralíferos.

A algunas millas al norte de Keeling se encuentra otro pequeño atolón, cuyo mar interior está casi lleno por el lodo de coral. El capitán Ross ha encontrado, englobado en el conglomerado, en la costa exterior, un trozo de arenisca redondeado, algo mayor que la cabeza de un hombre; este hallazgo le causó tanta sorpresa que retuvo la piedra y la conservó como una curiosidad. En efecto, es muy extraordinario que se haya encontrado esa única piedra en un lugar donde todo lo que es sólido está compuesto de material calcáreo. Esta isla no ha sido visitada sino muy rara vez, y es poco probable que haya naufragado allí un barco. A falta de mejor explicación, llegué a deducir que ese bloque de arenisca debió de ser trasladado hasta allí entre las raíces de un gran árbol. Por otra parte, considerando la inmensa distancia a que se encuentra la tierra más próxima, teniendo en cuenta todas las probabilidades que existen para que una piedra quede aprisionada de ese modo, para que el árbol caiga al mar y para que después vaya flotando tan lejos, llegue sin tropiezos y la piedra quede en forma que sea descubierta fácilmente, me decía yo que, sin duda alguna, imaginaba una explicación muy improbable. Me he sentido, pues, muy dichoso al ver esa explicación confirmada por Chamisso, el sabio naturalista que acompañó a Kotzebue. Hace constar que los habitantes del archipiélago Radack, grupo de islas de coral situadas en medio del Pacífico, se procuran las piedras necesarias para aguzar sus utensilios buscando en las raíces de los árboles llevados hasta las costas de sus islas por las olas. Es evidente que han debido de encontrarlas muchas veces, puesto que la ley del país ordena que tales piedras pertenezcan a los jefes y que sea castigado cualquiera que se apropie una de ellas. Cuando se considera la situación de esas pequeñas islas que se yerguen en medio de un inmenso océano –⁠la gran distancia a que se encuentran de cualquier otra tierra que no sean islas de coral, lo que está atestiguado por el valor que conceden sus habitantes, atrevidos navegantes, a la posesión de una piedra⁽¹⁷¹⁾– y la lentitud de las corrientes del océano, parece realmente asombroso que puedan ser transportadas así las piedras. Sin embargo, quizá esos transportes sean más frecuentes de lo que creemos; en efecto, si el suelo al que vienen a encallar no estuviera compuesto únicamente de coral, apenas si llamarían la atención y, además, no se supondría su origen. En fin, puede que no se tenga la prueba directa de esos transportes durante mucho tiempo, porque es probable que los troncos de los árboles, sobre todo los cargados de piedras, floten por debajo de la superficie. A cada instante se observa, a orillas de los canales que atraviesan la Tierra del Fuego, cantidades de madera que ha flotado; sin embargo, es muy raro ver un árbol en el agua. Tales hechos pueden servir para explicar la presencia de las piedras angulosas o redondeadas que se hallan algunas veces sepultadas en depósitos de sedimentos.


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