Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Otro día vamos a caballo a visitar la aldea de Santo Domingo, situada casi en el centro de la isla. En medio de una llanura, encontramos algunas achaparradas acacias; los vientos alisios, soplando continuamente en la misma dirección, han curvado la copa de esos árboles en tal forma que, algunas veces, forma un ángulo recto con el tronco. La dirección de las ramas es exactamente nordeste por el norte y sudeste por el sur; estas veletas naturales deben indicar la dirección dominante de los vientos. El paso de los viajeros deja tan pocas huellas sobre este árido suelo, que allí nos extraviamos y, creyendo ir a Santo Domingo, nos dirigimos a Fuentes. No nos damos cuenta de nuestro error hasta después de que llegamos a esta última población, muy dichosos por lo demás de habernos equivocado. Fuentes es un bonito pueblo alzado a orillas de un riachuelo; en aquel lugar parece prosperar todo, a excepción sin embargo de lo que más debiera prosperar: los habitantes. Encontramos numerosos niños negros, completamente desnudos y al parecer en gran manera miserables; llevaban haces de leña casi tan grandes como ellos.