Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Viaje de un naturalista alrededor del mundo Volvimos a Maldonado por un camino algo diferente. Pasé un día en casa de un anciano español muy hospitalario, cerca de Pan de Azúcar, lugar bien conocido de cualquiera que remonte el Plata. Una mañana, muy temprano, efectuamos la ascensión a la Sierra de las Ánimas. Gracias a la salida del Sol, el paisaje es casi pintoresco. Al oeste, la vista se extiende por una inmensa llanura hasta la montaña de Maldonado. En la cumbre del monte se encuentran muchos montoncitos de piedras que evidentemente están allí desde hace mucho tiempo. Mi compañero me asegura que aquello es obra de los antiguos indios. Esos montones se parecen, aunque en menor escala, a los que se encuentran tan corrientemente en las montañas del país de Gales. El deseo de señalar algún acontecimiento cualquiera por medio de un montón de piedras dispuesto en el lugar más elevado de los alrededores, parece ser una pasión inherente de la humanidad. Actualmente no existe ni un solo indio salvaje o civilizado en parte alguna provincia, y desconozco si los antiguos habitantes hayan dejado tras de si recuerdos más permanentes que esos insignificantes montones de piedras en la cumbre de la Sierra de las Ánimas.