Cartas desde mi molino
Cartas desde mi molino 
¡LO QUE SE HAN ASUSTADO LOS CONEJOS! Al cabo de ver tanto tiempo cerrada la puerta del molino, las paredes y la plataforma invadidas por la hierba, habían acabado por creer extinta la raza de los molineros, y hallando buena la plaza, habíanla convertido en algo así como una especie de cuartel general, un centro de operaciones estratégicas, el molino de Jemmapes de los conejos. La noche de mi llegada, sin mentir, había lo menos veinte sentados en corro alrededor de la plataforma, calentándose las patas delanteras en un rayo de luna. Al tiempo de abrir una ventana, ¡zas!, todo el vivac sale pitando y se cuelan por la espesura, enseñando las blancas posaderas y rabo al aire.