Nunca terminar
Nunca terminar La mediocridad es el enemigo más peligroso porque se disfraza de normalidad. Se instala en la rutina, en las excusas diarias, en la idea de que se está haciendo suficiente cuando en realidad se está haciendo lo mÃnimo indispensable. La mayorÃa se conforma con lo que tiene, no porque sea suficiente, sino porque el esfuerzo de ir más allá parece demasiado grande.
No se trata de talento, ni de suerte, ni de inteligencia. Se trata de disposición. La mediocridad es una decisión, un pacto silencioso que se firma cada vez que se elige la comodidad sobre el crecimiento, la excusa sobre la disciplina, la satisfacción inmediata sobre la verdadera evolución. Es un veneno que adormece la ambición y convierte a la gente en sombras de lo que podrÃa ser.
Cada dÃa es un campo de batalla. La guerra no es contra otros, es contra la versión débil, perezosa y temerosa de uno mismo. Esa versión siempre buscará una salida fácil, una razón para detenerse, un pretexto para no hacer el trabajo necesario. Quien no esté en guardia caerá en su trampa y despertará un dÃa preguntándose en qué momento se convirtió en alguien común.
