Los empeños de una casa
Los empeños de una casa señor, de contarte un cuento
que viene aquí como piedra
en el ojo de un vicario
(que deben de ser canteras):
Salió un hombre a torear,255
y a otro un caballo pidió,
el cual, aunque lo sintió,
no se lo pudo negar.
Salió, y el dueño al mirallo,
no pudiéndolo sufrir,260
le envió un recado a decir
que le cuidase el caballo,
porque valía un tesoro,
y el otro muy sosegado
respondió: «Aquese recado265
no viene a mí, sino al toro».
Tú eres así ahora que
me remites a un paseo
donde, aunque yo lo deseo,
no sé yo si volveré.270
Y lo que me causa risa,
aun estando tan penoso,
es que, siendo tan dudoso,
me mandes que venga aprisa.
Y así, yo ahora te digo275
como el otro toreador,
que ese recado, señor,