Los empeños de una casa
Los empeños de una casa ¡qué dictamen tan errado,
pues fue quitar por de fuera
las guardas y los candados
a una fuerza que en sí propia
encierra tantos contrarios!380
Y como tan neciamente
conmigo se descuidaron,
fue preciso hallarme el riesgo
donde me perdió el cuidado.
Sucedió, pues, que entre muchos385
que de mi fama incitados
contestar con mi persona
intentaban mis aplausos,
llegó acaso a verme (¡Ay cielos!,
¿cómo permitís tiranos390
que un afecto tan preciso
se forjase de un acaso?)
don Carlos de Olmedo, un joven
forastero, mas tan claro
por su origen, que en cualquiera395
lugar que llegue a hospedarlo,
podrá no ser conocido,
pero no ser ignorado.
Aquí, que me des te pido
licencia para pintarlo,400
por disculpar mis errores,
o divertir mis cuidados;