La Celestina
La Celestina Despedida Celestina de Melibea, va por la ca-
lle hablando consigo misma entre dientes. Lle-
gada a su casa, halló a Sempronio, que la
aguardaua. Ambos van hablando hasta llegar a
su casa de Calisto e, vistos por Pármeno, cuén-
talo a Calisto su amo, el qual le mandó abrir la
puerta.
CALISTO, PÁRMENO, SEMPRONIO, CE-
LESTINA.
CELESTINA.- ¡O rigurosos trances! ¡O cruda
osadía! ¡O gran sofrimiento! ¡E qué tan cercana
estuue de la muerte, si mi mucha astucia no
rigera con el tiempo las velas de la petición! ¡O
amenazas de donzella braua! ¡O ayrada donze-
lla! ¡O diablo a quien yo conjuré! ¿Cómo com-
pliste tu palabra en todo lo que te pedí? En car-
go te soy. Assí amansaste la cruel hembra con
tu poder e diste tan oportuno lugar a mi habla
quanto quise, con la absencia de su madre. ¡O
vieja Celestina! ¿Vas alegre? Sábete [194] que la
meytad está hecha, quando tienen buen princi-
pio las cosas. ¡O serpentino azeyte! ¡O blanco
filado! ¡Cómo os aparejastes todos en mi fauor!
¡O!, ¡yo rompiera todos mis atamientos hechos
e por fazer ni creyera en yeruas ni piedras ni en
palabras! Pues alégrate, vieja, que más sacarás
