La Celestina
La Celestina La mañana viene. Despierta Pármeno. Des-
pedido de Areusa, va para casa de Calisto su
señor. Falla a la puerta a Sempronio. Concier-
tan su amistad. Van juntos a la cámara de Calis-
to. Hállanle hablando consigo mismo. Leuanta-
do, va a la yglesia.
SEMPRONIO, PÁRMENO, AREUSA, CA-
LISTO.
PÁRMENO.- ¿Amanesce o qué es esto, que
tanta claridad está en esta cámara?
AREUSA.- ¿Qué amanecer? Duerme, señor,
que avn agora nos acostamos. No he yo pegado
bien los ojos, ¿ya hauía de ser de día? Abre, por
Dios, essa ventana de tu cabecera e verlo has.
PÁRMENO.- En mi seso estó yo, señora, que
es de día claro, en ver entrar luz entre las puer-
tas. ¡O traydor de mí! ¡En qué gran falta he
caydo con mi amo! De mucha pena soy digno.
¡O qué tarde que es!
AREUSA.- ¿Tarde? [8]
PÁRMENO.- E muy tarde.
AREUSA.- Pues así goze de mi alma, no se
me ha quitado el mal de la madre. No sé cómo
pueda ser.
PÁRMENO.- ¿Pues qué quieres, mi vida?
AREUSA.- Que hablemos en mi mal.
